Machancoses: la "pasión" de un ganadero frente a la "ruina" del coronavirus (2023)

Pisar Machancoses es seguir el eco de la huella de una ganadería legendaria en los festejos de los bous al carrer en la Comunitat Valenciana. La finca La Vinagra, en la que pastan 400 reses bravas, está situada en el término municipal de Cheste, dentro de la comarca de la Foia de Bunyol. La ganadería no tiene portones grandilocuentes ni un diseño de última generación, sino una gran nave, con el hierro de la “M” marcado en su fachada, para guardar el pienso, los tractores y los todoterrenos.

La mañana del reportaje es nubosa, ceniza, fría, con un viento descortés que abría camino a la lluvia. Pero en esta ganadería de bravo no se ha dejado de trabajar “ni un día durante la pandemia y hoy no va a ser menos”, asegura Fernando Machancoses Tarín después de almorzar junto a los vaqueros, con las botas embarradas por el temporal -que todavía dejar ver sus efectos en el campo con numerosos charcos- y una gorra campera que abriga de las bajas temperaturas. Todo aquí es tan campestre, tan rural, que no hay ni aceitera, sino que los trabajadores mojan el pan con una garrafa de cinco litros de aceite de oliva.

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La ganadería de Fernando Machancoses resiste al coronavirus pese a no tener ingresos Tomás Carnicer

Por eso, hablar con Fernando es comprobar que el toreo es mucho más que una afición, es una filosofía de vida que lleva cosida a los huesos desde que nació. Su padre, Fernando Machancoses Fortuny, y su tío, Vicente Machancoses, se dedicaron a la crianza de los toros bravos desde niños para mantener un legado que su padre, Vicente Machancoses -abuelo de Fernando-, inició en 1946, cuando viajó a Jaén para comprar madera con la que hacer carros y volvió como copropietario de reses bravas.

"Nosotros, por encima de todo, somos ganaderos, igual que los que tienen ovejas, corderos o vacas de carne. ¿Por qué los criadores de las vacas de carne tienen ayudas a causa de la pandemia y nosotros no?"

Ahora, en una época de plomo, donde el coronavirus ha arrasado todos los festejos taurinos, ser ganadero para Machancoses es tensar la cuerda del romanticismo porque -asegura- no se sienten respetados en sus derechos, ni garantizados en su vida ni en sus libertades: “A día de hoy, no hemos recibido todavía ni un euro de ayudas como ganaderos tras el impacto de la covid-19. Estamos agradecidos a la Diputación, que nos va a proporcionar 45 euros por animal, pero creo que la que tiene que salir al rescate es la conselleria de Agricultura, a la que pertenecemos y en la que cumplimos las leyes que nos imponen. Nosotros, por encima de todo, somos ganaderos, igual que los que tienen ovejas, corderos o vacas de carne. ¿Por qué los criadores de vacas de carne tienen ayudas a causa de la pandemia y nosotros no?”

Dos novillos en su cercado, a la espera de salir a las calles de la Comunitat Valenciana Tomás Carnicer

Esa fue una de las reivindicaciones de la camionada que los ganaderos valencianos hicieron el pasado viernes en València: “Económicamente estamos muy mal. ¿Qué empresa puede aguantar un año con gastos diarios y sin ningún ingreso? Los ganaderos de bravo, porque el toro es nuestra vida, nuestra pasión”, expone. Más en concreto, cada día del año, Fernando hace frente a los costes de la alimentación y el agua, las vacunas, la desparasitación y los medicamentos, el sueldo del personal y los transportistas: “Si se rompe el mezclador de pienso, hay que arreglarlo porque los animales comen todos los días”, manifiesta.

"¿Qué empresa puede aguantar un año con gastos diarios y sin ningún ingreso? Los ganaderos de bravo, porque el toro es nuestra vida"

Si un animal bravo cuesta al día un euro, ¿cuál es la solución? “Sin ingresos, no hay otra que sacrificar reses porque tengo que decidir entre pagar a mis trabajadores o alimentar a más animales”.

Por contra, el ingreso que percibe de los toros para carne se desglosa en un euro y medio el kilo en canal cuando al año, sus ingresos por hacer festejos taurinos rozan los 200.000 euros. Según aclara Fernando, no tiene otra solución que llevar al matadero a los animales más antiguos y, por ende, los que más pesan. Es decir, vacas de 18 o 20 años y toros de más de cuatro años. Unos 150 lleva ya. De la reata de Las Margaritas o Las Bienvenidas solo le queda una vaca de cada familia y ha tenido que deshacerse de toros como “Capitán” o “Calmante”: “Cuando llevo a mis animales al matadero es como si me quitaran una parte de mí, una parte de mi vida”.

“Pero esto no tenía que haber ocurrido”, salta como un resorte el ganadero valenciano: “Nos tenían que haber ayudado desde el principio y es muy triste la indiferencia con la que nos tratan los políticos. A los únicos que tenemos que estar agradecidos es a los proveedores de pienso porque entienden la situación y nos dicen que les paguemos cuando todo se normalice”, expone.

"Los bous al carrer están a la altura de las Fallas porque en el resto del mundo consideran a la Comunitat Valencia como la máxima representante en el festejo popular"

Mientras tanto, en el cercado más amplio de la ganadería, casi de privilegio por sus medidas, están las mejores vacas. Las más legendarias, por su bravura, morfología y familia, son solamente 45 reses. Se las conoce a todas. El ganadero cuenta que todas las mañanas entra caminando para poner el pienso y “no me hacen nada, son muy nobles, pero ahora, para hacer las fotos, es mejor ir con el coche y así posan”, declara mientras conduce. Con una pasión propia de un padre, habla de las vacas “Millonaria”, “Carterista” o “Fortuna” y de los productos de las reatas de “Las Monetarias”, “Las Peseteras”, “Las Calderilla” o “Las Banqueras”. Todas ellas han pasado a la historia y muchos aficionados a los bous al carrer no las olvidarán. Ese es el honor que tiene la bravura.

Las vacas estrella de Machancoses que el ganadero ha salvado del matadero. Tomás Carnicer

Asimismo, Machancoses define a los toros autóctonos como un encaste propio de la Comunitat Valenciana, como puede ser la sangre Cabrera en Andalucía con los Miuras o la de Albaserrada en Extremadura con los Victorino Martín: “Si el toro fuera otro animal, los ganaderos recibirían subvenciones todos los años para preservar su especie. Aunque no se quiera ver, los bous al carrer están a la altura de las Fallas porque en el resto del mundo consideran a la Comunitat Valencia como la máxima representante en el festejo popular. Son patrimonio histórico y cultural porque es una fiesta con muchos siglos de historia y, por ejemplo, en Ontinyent y Chiva hay documentos que registran festejos desde hace quinientos años”.

Finalmente, Fernando explica que el futuro pasa por reducir todavía más la ganadería y elevar el precio del alquiler de sus toros: “Esto es una ruina total porque, si nos ayudan, para volver a recuperar la economía de la ganadería tendrán que pasar cinco o seis años”. Salvar una joya genética como la ganadería brava autóctona, que se ahoga sin salvavidas en una indiferencia total, también es tener memoria histórica.

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Las vacas de Fuente Ymbro y sus becerros, en un cercado de la finca La Vinagra Tomás Carnicer

La ilusión de mejorar la genética

“Mi objetivo es mejorar la genética de los animales”, dice Machancoses que, pese a vivir una pandemia, no ha dejado de insistir en ello. Es un trabajador incansable, con una aura de leyenda, de épica, de mística. Por eso, en medio del estado de alarma, compró, junto a su primo Dani Machancoses, 36 vacas de Fuente Ymbro que iban camino del matadero: “Las salvé para mejorar mi ganadería”, asegura. Fernando se ha quedado 20 y son serias, con lustro y buenas hechuras. “Algunas vinieron preñadas y Ricardo Gallardo me dejó su semental “Mimoso”, número 202, para cubrirlas todas”, explica. “Yo siempre busco más y si juntamos la transmisión, la movilidad, la bravura y el motor que tiene Fuente Ymbro con la inteligencia y la fiereza mi hierro puede salir una combinación explosiva. Así que cuando paran todas, echaré mis sementales”.

Otra solución que plantea Fernando para salvar su genética brava es cruzar las vacas bravas menos buenas con el toro de carne para que hagan de vientre y críen terneros, aunque según comenta, le llevará unos años y el coste de producción es mucho más alto: “Esto no es un restaurante donde se puede cambiar el menú de la noche a la mañana, la ganadería construye su evolución con los años y, por ahora, ya tengo 80 terneros de carne”, concluye el ganadero valenciano.

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Author: Kelle Weber

Last Updated: 09/29/2022

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